A caminar empezamos a las 8 y llegamos al albergue a las 21, contamos algunas cosas en este periodo.
Nada más salir del albergue nos alegramos de coger el GR-E-9 y sacar a pasear a nuestras enfadadas botas. El camino discurría junto a los bufones, estructuras geológicas que expulsan agua a través de agujeros en la tierra. Con el mar en calma suenan como pulmones de titanes y dan paz y satisfacción a los que se acercan a visitarlos. Además conocimos la amable población de Pelduenes donde una amable camarera nos asesoró de los múltiples servicios que dispone la zona para el peregrino. Además ella misma, con sus brazos estropeados por las zarzas, era una ingeniera del camino, pintando flechas y dejando libre de vegetación la senda que va a Santiago. Continuamos contentos de conocerla hacia la pequeña Andrín, donde nos refrescamos y donde encontramos a la peregrina Kristine, de la que nos despedidos por lo que pensamos que era la última vez que volveríamos a verla. Saliendo de Andrín hacia Llanes erramos nuestro paso hablando muy animosamente por lo que nos encontramos con la duda de volver un poco atrás para subir al mirador de la Playa de la Bellota. Esto nos costó un gran rodeo de vuelta y sumó unos 8 km más a nuestra ruta. No obstante, difícilmente borraremos de nuestra memoria aquel paisaje de ensueño. Llegados a Llanes pudimos disfrutar de su comida y visitar sus calles que iban hacia el puerto donde se encuentran los conocidos Cubos de la Memoria, de Ibarrola. La senda a Poo bordeaba la costa y ya íbamos pensando palabras de despedida a Pascuala. Cuando llegamos ya eran las 17 hr con un pesado sol que nos daba de frente y, para más inri, no había sitio en el albergue. Decidimos separar aquí nuestro camino del de Pascuala y seguir hacia Villahormes. A esta odisea se sumaron Kristine y Kerstin que tampoco tenían plaza. El camino se hizo muy duro y, en sus últimos kilómetros cambiamos la gorra por la chaqueta, ya no había qué sudar y el sol que vieron nuestras mochilas por la mañana se despedía ahora de nuestras miradas. El albergue, en Villahormes, tenía lo justo para pasar la noche pero el cansancio lo convirtió en un hotel donde descansar de un duro caminar.
miércoles, 31 de julio de 2013
Buelna-Villahorna(??km)
martes, 30 de julio de 2013
Santillana del Mar-San Vicente de la Barquera(30 km)
Descansados y con el temor de contar con algunas chinches acomodados en nuestras ropas y mochilas, partimos temprano hacia San Vicente de la Barquera.
El asfalto sigue desgastando suelas y paciencia, que no nuestro ánimo. Temprano llegamos a la bonita Comillas, donde paramos para desayunar después de visitar su interesante iglesia de San Cristóbal. Continuamos nuestro camino dejando el peculiar Capricho de Gaudí a la izquierda y una hermosa ciudad a la que merecía la pena dedicarle más tiempo para recorrer sus calles y monumentos.
La gris superficie de la carretera nos conduce hacia la costa donde disfrutamos de las bonitas vistas del parque natural de Oyambre, verdadero paraíso para las aves que lo habitan y las gentes que pasean y se bañan en sus aguas.
Llegamos a San Vicente de la Barquera cruzando su Puente de la Maza y disfrutando de las maravillosas vistas de su ría y sus barcas que parecen dormir sobre la húmeda arena.
Una vez registrados en el acogedor albergue El Galeón, que nostálgicamente nos recuerda a los albergues del Camino Francés, reponemos nuestras fuerzas con un delicioso menú en uno de los tantos restaurantes de esta villa marinera.
Pasamos la tarde sentados en la arena de la ría brindando con nuestras copas de vino y sin parar de reír recordando anécdotas de camino.
Terminamos la jornada con una cena comunitaria en el albergue, momento siempre especial para compartir impresiones y experiencias que enriquecerán nuestros pasos y nuestra propia vida.
San Vicente de la Barquera-Buelna(25km)
A medida que desayunábamos recibíamos las explicaciones de un viejo hospitalero acerca de las distintas rutas que podíamos coger. A la salida de San Vicente aprovechamos las primeras luces para inmortalizar nuestra salida de este pueblo pescador. A la llegada a Unquera decidimos tomar nuestro último bocado cántabro con la especialidad que le da fama, las corbatas de Unquera y que deleitamos gustosamente para cruzar a Asturias y subir hasta Colombres, lugar que eligen muchos peregrinos para descansar por sus bellas calles y vistas. Estas vistas nos enseñan cómo la tierra intenta acariciar el cielo con el Naranjo de Bulnes presidiendo los Picos de Europa. Seguimos nuestro camino hacia Franca para retomar el rutinario y ya cómico asfalto hasta llegar a Buelna, donde haríamos parada, inicialmente a reponernos pero cuyo albergue y prometedora playa pudo con nuestros ánimos. Decidimos pues, tras una reconfortante ducha y comida, visitar su cueva de Cobijeru, donde sus impresionantes estalactitas nos dan una idea de la antigüedad de la misma. Haciendo caso omiso de los lugareños decidimos ir a su playa a través de un escondido camino sobre la roca que, para nuestra sorpresa, fue un regalo para nuestros ojos teñidos de asfalto. Una impresionante mezcla de rocas y vegetación daban paso a una pequeña cala adornada con "El Picon", una roca en el mar que tenía el aspecto de una galera torcida por el viento. Hicimos lo propio de una playa y volvimos a cenar y descansar en este acogedor oasis del camino.
lunes, 29 de julio de 2013
Santander-Santillana del Mar
Después de tomar un buen desayuno en compañía de otros peregrinos en el albergue de Santander, nos ponemos en marcha con la idea de llegar hasta Santillana del Mar, bella villa de calles empedradas y de prehistóricas huellas en su Cueva de Altamira.
Guiados por las placas con concha, flecha y cruz roja de Camino Lebaniego, que vamos encontrando en nuestros primeros pasos, logramos salir de esta ciudad con ganas de encontrar nuevos caminos.
Más que nuevos caminos, lo que encotramos es una vía jacobea de asfalto y urbanizaciones que poco tienen que ver con lo esperado en esta verde tierra de Cantabria. Es por ello por lo que decidimos tomar el atajo que supone cruzar el puente férreo sobre el río Pas, con lo que nos ahorramos 8 kms de monótonos pasos sobre el gris asfalto.
Antes de llegar a la villa de Mar, aprovechamos una bonita sombra para refugiarnos del fuerte calor que nos acompaña. Parada que se convierte en un momento para la conversación con tres ganaderos que, aparte de servirnos de guía con sus precisos comentarios de cómo llegar a Santillana, nos enseñaron interesantes aspectos y problemas de la agricultura, ganadería y climatología cántabras.
Continuamos nuestro duro camino hacia Santillana, deseando pisar sus empedradas calles, pues no esperábamos tanto asfalto para nuestras suelas.
Al llegar a Santillana del Mar no encontramos cama en su pequeño albergue y, animados por la peculiar hospitalera, decidimos quedarnos en el camping de este pueblo en el que, una vez en él, intuimos la presencia de las tan temidas chinches, pues no parece que la limpieza de estas instalaciones sea un hábito diario.
Lo mejor de la jornada, sin duda, ha sido tener la fortuna de caminar junto a nuestra buena amiga peregrina Pascuala, regalo que nos hizo Santiago en el verano de 2011 y que este año ha querido sumarse a nuestro Camino del Norte por unos días. Juntos reflexionamos sobre los diferentes caminos y ambos estamos de acuerdo que este Camino del Norte no tiene la identidad del Camino Francés.
sábado, 27 de julio de 2013
Noja-Santander(??km)
Después de unos animados gritos provenientes de los jóvenes que se albergaban bajo nuestro mismo techo, pudimos dormir tranquilamente. Al levantarnos tan temprano, nuestro compañero Maurece decidió quedarse un poco más y hasta ahora ya no le hemos visto. Dado que caminamos solos casi toda la ruta, volvimos a pensar en castellano y aprovechamos para hacer memoria de nuestra infancia con algunas anécdotas que año tras año repetimos para que no caigan en el olvido. También recordamos a los peregrinos que van por delante y por detrás, y las experiencias vividas junto a ellos con la esperanza de volver a seguir las mismas flechas.
A la salida de Noja, no vimos bien las flechas y dudamos en seguir a Santander por carretera. Al final decidimos coger por el camino y pasar por uno de los pueblos con albergue de hospitalarios voluntarios más aconsejado por guías y peregrinos. Hoy, el Apóstol nos puso a prueba, encontramos un móvil junto al embarcadero, cuyo barco debía llevarnos de Somo a Santander. Tras encontrarlo nos pusimos a llamar a todas las últimas llamadas realizadas por su propietario hasta dar con uno que, casualmente estaba tomando algo en un bar a nuestra espalda. Dado que también nosotros nos queríamos reponer de nuestra andadura, pedimos unos ricos batidos de chocolate que, con gratitud, fuimos invitados por este extraño personaje que, en su vestimenta, reflejaba la memoria de peregrino. Ya en Santander nos reunimos con dos futuras peregrinas: Mariajo, que se acercó para darnos ánimos y fuerzas y la ya veterana peregrina Pascuala, que venía de un duro entrenamiento vacacional en los Pirineos para unirse a estos humildes peregrinos que realizan etapas cuesta abajo en comparación a las que ha tenido que realizar ella. Alegres, pero no todos en el mismo albergue, nos fuimos a cenar y descansar con el deseo de volver a vernos siguiendo juntos las flechas de nuestros Caminos.
viernes, 26 de julio de 2013
Islares-Noja(35 km)
Amanece con lluvia en la pequeña villa de Islares. Desayunamos en el albergue y nos preparamos para una de las jornadas más bellas de este Camino del Norte.
Antes de partir queremos decir adiós y desear buen camino a nuestro amigo peregrino Maurice, dándonos un sincero abrazo de despedida. Finalmente, no nos separaremos en toda la etapa... el Camino tiene este poder de crear lazos intensos de amistad entrelazados en cada paso dado y en cada experiencia compartida.
Bajo una suave lluvia y una mágica neblina que no hacen más que incrementar la belleza de esta aventura, llegamos a La Magdalena, donde iniciamos ascenso a través de un bosque de eucaliptos que superamos con rapidez con nuestras piernas ya curtidas en las duras etapas del País Vasco.
Después de una parada en Liendo para tomar el pincho y el café de rigor, tomamos camino hacia Laredo, que nos recibirá con unas magníficas vistas de su larga y espectacular playa de Salvé, anticipo de las que veremos en este camino de ensueño hacia Noja.
No dudamos en descalzarnos y caminar los cuatro kilómetros de esta bella playa hasta llegar al lugar donde está la pequeña embarcación que une en su vaivén a las poblaciones de Laredo y Santoña.
Ya en Santoña, decidimos comer y reponer fuerzas antes de ir a su albergue juvenil. Con el estómago lleno y con más ganas de continuar la marcha, creemos que es mejor seguir hacia Noja y así lo hacemos.
Justo a la salida de Santoña el camino pasa junto al centro penitenciario El Dueso donde tenemos la suerte de observar quizás la estampa más emocionante de todos los caminos hechos hasta ahora: un grupo de personas, probablemente una gran familia, entre ellos una emocionada madre, recibiendo a su hijo y su nueva libertad, fundidos en maternal abrazo...
Continuamos camino hasta llegar a El Brusco, pequeña y abrupta elevación que separa la playa de Berria y la de Trengandín y desde la que se pueden disfrutar unas de las mejores vistas de este Camino del Norte, una de ellas portada de una guía alemana muy popular entre los peregrinos de este país.
Caminamos por la playa hasta llegar al albergue donde encontramos a la joven Ann Kristine, la peregrina con la sonrisa más bonita y contagiosa de este Camino del Norte.
jueves, 25 de julio de 2013
Pobeña-Islares (24 km)
Los rumores a las 6 de la mañana no presagiaban nada bueno,la noticia pronto se hizo eco entre los peregrinos que, consternados, preparaban sus mochilas para pasar uno de los días más emblemáticos del camino, el Día de Santiago, pero que hoy todos, peregrinos y no peregrinos hemos llevado a cuestas. Por eso aquí también queremos dar un perpetuo recuerdo a las víctimas que iban anoche en ese tren y pedir por ellos y sus familiares cuando lleguemos a Santiago. Decididos, calentamos nuestras piernas por la dura subida que nos deparaba éste extraño pueblo de Pobeña. Pronto nos encontramos un magnífico acantilado bajo un camino surtido de paneles informativos que hacían del mismo la mejor de las escuelas. Entre ellos se podía ver historia, fauna, flora, técnicas de pesca y extracción de minerales. Al llegar a la dudosa intersección que separaba los caminos optamos por seguir disfrutando de la costa hasta llegar al histórico pueblo de Castro Urdiales donde repusimos ánimos para una pequeña visita cultural a su marítima iglesia, consagrada a Santa María de la Asunción y a su Castillo-Faro que sirvió a los habitantes de estas tierras a defenderse de las tropas napoleónicas durante la guerra de la independencia española. Acto seguido nos deleitamos con unos mejillones y rabas de calamar propios de la zona para, posteriormente coger rumbo a Islares. Aquí volvimos a encontrarnos con algunos peregrinos que ya no contábamos ver y con otros nuevos. Cada uno contaba su historia en el inglés que podía pero lo importante fue que todos reímos y nos entendimos.
miércoles, 24 de julio de 2013
Bilbao-Pobeña (24km)
Abrazos matutinos de despedida... Decimos adiós a nuestros amigos Tony y Luis con la sensación, o el deseo, de que volveremos a compartir albergues y experiencias de camino juntos... ojalá así sea.
Como nos había indicado Iñaki, el de Eskerika, seguimos el camino que va por el margen derecho de la ría, disfrutando de unas vistas privilegiadas de la ciudad de Bilbao y sus ecos portuarios, y que nos llevó hasta Getxo y el centenario puente colgante que une a esta población con su vecina Portugalete.
Se nos suma al desayuno en Portugalete Maurice, joven peregrino austríaco de origen indio, el cual nos acompaña por el rojo bidegorri con sus pasos algo doloridos y agradable conversación en inglés hasta Pobeña, villa que nos da la bienvenida con su espectacular playa.
Después de dejar nuestras mochilas en el albergue, decidimos comer un bocadillo en el bar más cercano, donde vivimos una verdadera experiencia surrealista con algunos de sus peculiares clientes.
Ya con el estómago lleno y aún incrédulos ante lo vivido en el bar, aceleramos nuestro paso para llegar ràpidamente a la playa y sumergir nuestros cuerpos en sus siempre reparadoras aguas. Tan repuestos quedamos, que sacamos fuerzas, que no ganas porque eran muchas, para pedir unas palas a unos chicos y ponernos a jugar al tenis durante media hora, otro pequeño lujo que nos permite este Camino del Norte.
martes, 23 de julio de 2013
Ezkerika-Bilbao(23 km)
No hay mejor albergue que aquel en el que se descansa y desayuna en él, y así fue éste, donde comenzamos con un buen desayuno y con las amables indicaciones del hospitalero Iñaki de cómo llegar a Bilbao y más allá. El camino aparentaba sencillo, sin excesivos desniveles, ya que no habíamos mirado guía alguna hasta llegar a Lezama, donde entrena el esmerado Athletic Club de Bilbao y donde repusimos nuestros ánimos con unos pinchos. Ahora sí, guía en mano, nos percatamos de la cuesta que nos esperaba a la salida de Lezama, no la subimos en silencio pues podíamos oír el latir de nuestros corazones a cada paso por este empinado reto. Al llegar arriba, un gris cielo nos dispersa la luz de tal modo que Bilbao apareció como la gran ciudad que nos ha demostrado ser. A su entrada nos encontramos con un antiguo, más que anciano, señor de 93 años que, muy amable, nos cinstó la historia de la espectacular iglesia que nos impedía ver más allá, la iglesia de Begoña, cuyo significado procede, según la tradición vasca de los vocablos bego(debajo) y oña(de pie) porque aseguran que la virgen apareció enterrada de pie. Tras esta anécdota tomamos unos pinchos en el céntrico bar Bilbao, recomendado por Iñaki y donde fuimos invitados a un pincho y disfrutado de otros. El albergue Ganbara era acogedor y pudimos preparar la cena después de un paseo por Bilbao con parada y foto obligatoria en Guggenheim. Tras la cena y unas partidas de ping-pong improvisadas decidimos tomar unas cañas de "hasta luego" a peregrinos que no pensábamos ver en varios días pero que la magia del camino nos volvió a reunir para poder volver a reír juntos. Esta fue la misma magia que devolvió al peregrino Alberto su gorra tras 6 calurosos días de camino y que permanecía,inerte, en la mochila de un desconcertado peregrino.
Markina-Ezkerika(36 km)
Empezamos la mañana tomando un siempre necesario café en uno de los bares de Markina. Ya con la justa dosis de cafeína en sangre, salimos de esta población a través del rojo pavimento de su bidegorri.
No sabíamos que la siguiente villa que encontraríamos, Bolíbar, albergó en el pasado a la familia del gran libertador americano Simón Bolívar, lo que queda atestiguado en un pequeño museo junto al camino.
Entre pinos y robles llegamos a Zenarruza, a la que entramos a través de su arco. Un arco que pareció transportandos a tiempos pretéritos, pues el eco de nuestros bastones se vio interrumpido por el sonido de cantos gregorianos que venían del interior de su iglesia en la que en ese momento unos monjes cisterciences oficiaban misa ante un devoto peregrino.
Una hora después de nuestro paso por Zenarruza llegamos a la plaza de Munitibar y su Bar. Parada estratégica para degustar sus exquisitos pinchos y disfrutar de su música acompañados de otros peregrinos que tampoco dudaron en parar en este pequeño oasis de la etapa de hoy.
Tras pasar algunos barrios y ermitas cruzamos por el fotogénico puente medieval de Artzubi sobre el río Gola.
Después de un agotador camino de subidas y pronunciadas pendientes llegamos a la histórica Guernika donde decidimos comer y descansar. Dejamos Guernika con la pena de no poder visitar detenidamente esta ciudad y despidiéndonos de nuestros amigos peregrinos Tony y Luis, quienes acompañaban nuestros pasos desde Irún, y a los que vamos a echar de menos.
Continuamos hacia el albergue de Ezkerika donde, después de un largo y duro ascenso, pasamos una agradable tarde noche de relajada conversación y algún que otro truco de cartas del habilidoso Raúl junto a Anne Cecile, Cristine y otras dos peregrinas holandesas. Agradecemos a Iñaki, dueño de este albergue, tanto su acogida y hospitalidad, como la fantástica casa que pone a disposición de los peregrinos.