viernes, 26 de julio de 2013

Islares-Noja(35 km)

Amanece con lluvia en la pequeña villa de Islares. Desayunamos en el albergue y nos preparamos para una de las  jornadas más bellas de este Camino del Norte.
Antes de partir queremos decir adiós y desear buen camino a nuestro amigo peregrino Maurice, dándonos un sincero abrazo de despedida. Finalmente, no nos separaremos en toda la etapa... el Camino tiene este poder de crear lazos intensos de amistad entrelazados en cada paso dado y en cada experiencia compartida.
Bajo una suave lluvia y una mágica neblina que no hacen más que incrementar la belleza de esta aventura, llegamos a La Magdalena, donde iniciamos ascenso a través de un bosque de eucaliptos que superamos con rapidez con nuestras piernas ya curtidas en las duras etapas del País Vasco.
Después de una parada en Liendo para tomar el pincho y el café de rigor, tomamos camino hacia Laredo, que nos recibirá con  unas magníficas vistas de su larga y espectacular playa de Salvé, anticipo de las que veremos en este camino de ensueño hacia Noja.
No dudamos en descalzarnos y caminar los cuatro kilómetros de esta bella playa hasta llegar al lugar donde está la pequeña embarcación que une en su vaivén a las poblaciones de Laredo y Santoña.
Ya en Santoña, decidimos comer y reponer fuerzas antes de ir a su albergue juvenil. Con el estómago lleno y con más ganas de continuar la marcha, creemos que es mejor seguir hacia Noja y así lo hacemos.
Justo a la salida de Santoña el camino pasa junto al centro penitenciario El Dueso donde tenemos la suerte de observar quizás la estampa más emocionante de todos los caminos hechos hasta ahora: un grupo de personas, probablemente una gran familia, entre ellos una emocionada madre, recibiendo a su hijo y su nueva libertad, fundidos en maternal abrazo...
Continuamos camino hasta llegar a El Brusco, pequeña y abrupta elevación que separa la playa de Berria y la de Trengandín y desde la que se pueden disfrutar unas de las mejores vistas de este Camino del Norte, una de ellas portada de una guía alemana muy popular entre los peregrinos de este país.
Caminamos por la playa hasta llegar al albergue donde encontramos a la joven Ann Kristine, la peregrina con la sonrisa más bonita y contagiosa de este Camino del Norte.

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