martes, 23 de julio de 2013

Markina-Ezkerika(36 km)

Empezamos la mañana tomando un siempre necesario café en uno de los bares de Markina. Ya con la justa dosis de cafeína en sangre, salimos de esta población a través del rojo pavimento de su bidegorri.
No sabíamos que la siguiente villa que encontraríamos, Bolíbar, albergó en el pasado a la familia del gran libertador americano Simón Bolívar, lo que queda atestiguado en un pequeño museo junto al camino.
Entre pinos y robles llegamos a Zenarruza, a la que entramos a través de su arco. Un arco que pareció transportandos a tiempos pretéritos, pues el eco de nuestros bastones se vio interrumpido por el sonido de cantos gregorianos que venían del interior de su iglesia en la que en ese momento unos monjes cisterciences oficiaban misa ante un devoto peregrino.
Una hora después de nuestro paso por Zenarruza llegamos a la plaza de Munitibar y su Bar. Parada estratégica para degustar sus exquisitos pinchos y disfrutar de su música acompañados de otros peregrinos que tampoco dudaron en parar en este pequeño oasis de la etapa de hoy.
Tras pasar algunos barrios y ermitas cruzamos por el fotogénico puente medieval de Artzubi sobre el río Gola.
Después de un agotador camino de subidas y pronunciadas pendientes llegamos a la histórica Guernika donde decidimos comer y descansar. Dejamos Guernika con la pena de no poder visitar detenidamente esta ciudad y despidiéndonos de nuestros amigos peregrinos Tony y Luis, quienes acompañaban nuestros pasos desde Irún, y a los que vamos a echar de menos.
Continuamos  hacia el albergue de Ezkerika donde, después de un largo y duro ascenso, pasamos una agradable tarde noche de relajada conversación y algún que otro truco de cartas del habilidoso Raúl junto a Anne Cecile, Cristine y otras dos peregrinas holandesas. Agradecemos a Iñaki, dueño de este albergue, tanto su acogida y hospitalidad, como la fantástica casa que pone a disposición de los peregrinos.

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