Después de unos animados gritos provenientes de los jóvenes que se albergaban bajo nuestro mismo techo, pudimos dormir tranquilamente. Al levantarnos tan temprano, nuestro compañero Maurece decidió quedarse un poco más y hasta ahora ya no le hemos visto. Dado que caminamos solos casi toda la ruta, volvimos a pensar en castellano y aprovechamos para hacer memoria de nuestra infancia con algunas anécdotas que año tras año repetimos para que no caigan en el olvido. También recordamos a los peregrinos que van por delante y por detrás, y las experiencias vividas junto a ellos con la esperanza de volver a seguir las mismas flechas.
A la salida de Noja, no vimos bien las flechas y dudamos en seguir a Santander por carretera. Al final decidimos coger por el camino y pasar por uno de los pueblos con albergue de hospitalarios voluntarios más aconsejado por guías y peregrinos. Hoy, el Apóstol nos puso a prueba, encontramos un móvil junto al embarcadero, cuyo barco debía llevarnos de Somo a Santander. Tras encontrarlo nos pusimos a llamar a todas las últimas llamadas realizadas por su propietario hasta dar con uno que, casualmente estaba tomando algo en un bar a nuestra espalda. Dado que también nosotros nos queríamos reponer de nuestra andadura, pedimos unos ricos batidos de chocolate que, con gratitud, fuimos invitados por este extraño personaje que, en su vestimenta, reflejaba la memoria de peregrino. Ya en Santander nos reunimos con dos futuras peregrinas: Mariajo, que se acercó para darnos ánimos y fuerzas y la ya veterana peregrina Pascuala, que venía de un duro entrenamiento vacacional en los Pirineos para unirse a estos humildes peregrinos que realizan etapas cuesta abajo en comparación a las que ha tenido que realizar ella. Alegres, pero no todos en el mismo albergue, nos fuimos a cenar y descansar con el deseo de volver a vernos siguiendo juntos las flechas de nuestros Caminos.
sábado, 27 de julio de 2013
Noja-Santander(??km)
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