A la llegada conocí a la hospitalera,María José, que nos trató como reyes. La tarde discurrió tranquila, me ofrecí voluntario para ayudar a la hospitalera a rellenar credenciales y registros y, en cuanto llegó Alberto, cansado de caminar, decidimos ir a tomar un refrigerio por las antiguas calles de Irún. Después de cenar y tras haber conocido a muchos peregrinos, decidimos ir a pasear por Plaiaundi, un paraje natural de lo más bello. Allí tomamos un vino navarro para rematar una jornada que más bien es de bienvenida a un nuevo camino, el del norte.
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