Los rumores a las 6 de la mañana no presagiaban nada bueno,la noticia pronto se hizo eco entre los peregrinos que, consternados, preparaban sus mochilas para pasar uno de los días más emblemáticos del camino, el Día de Santiago, pero que hoy todos, peregrinos y no peregrinos hemos llevado a cuestas. Por eso aquí también queremos dar un perpetuo recuerdo a las víctimas que iban anoche en ese tren y pedir por ellos y sus familiares cuando lleguemos a Santiago. Decididos, calentamos nuestras piernas por la dura subida que nos deparaba éste extraño pueblo de Pobeña. Pronto nos encontramos un magnífico acantilado bajo un camino surtido de paneles informativos que hacían del mismo la mejor de las escuelas. Entre ellos se podía ver historia, fauna, flora, técnicas de pesca y extracción de minerales. Al llegar a la dudosa intersección que separaba los caminos optamos por seguir disfrutando de la costa hasta llegar al histórico pueblo de Castro Urdiales donde repusimos ánimos para una pequeña visita cultural a su marítima iglesia, consagrada a Santa María de la Asunción y a su Castillo-Faro que sirvió a los habitantes de estas tierras a defenderse de las tropas napoleónicas durante la guerra de la independencia española. Acto seguido nos deleitamos con unos mejillones y rabas de calamar propios de la zona para, posteriormente coger rumbo a Islares. Aquí volvimos a encontrarnos con algunos peregrinos que ya no contábamos ver y con otros nuevos. Cada uno contaba su historia en el inglés que podía pero lo importante fue que todos reímos y nos entendimos.
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