La mañana daba señales de un día tranquilo. Los peregrinos apagaban sus alarmas y seguían en sus camas sabiendo que su destino de hoy no quedaba lejos. Después del predesayuno habitual caminamos hasta la localidad de Colunga, que antaño contaba con un hospital de peregrinos junto a la capilla de Santa Ana. Hoy nos ha hecho de punto de reunión a aquellos peregrinos que necesitamos de la cafeína para continuar. Nuestra marcha continuó tranquila, pasando por pequeños pueblos y por la pedanía de Sebrayu, final de etapa para muchas guías y que consiste en un coqueto albergue rodeado de naturaleza. Nosotros decidimos seguir hasta Villaviciosa, cuna de la Sidra y tierra de manzanos. A lo lejos, poco antes de llegar, se podía ver la fábrica de sidra "El Gaitero", bebida que recordamos por haber estado siembre en nuestras celebraciones familiares. Con toda la tarde por delante visitamos sus calles y nos atrevimos, sin mucho éxito, a servir la sidra como los expertos de la zona. Los pocos peregrinos que estábamos en Villaviciosa comenzamos a juntarnos como si de bolitas de mercurio se tratará y, cada uno a su ritmo y a su manera, fuimos cenando todos junto a una mesa. Las botellas de sidra marcaban el paso y nosotros nos dejamos llevar...
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