Hacía poco que el bar había abierto, los clientes, por su situación estratégica, se aproximaban y lo iban llenando a medida que su única camarera iba perdiendo el humor. A la salida los pasos peregrinos parecían pesar más que otros días. Las ampollas y las cargas musculares iban mellando la velocidad del grupo y poco tardamos en separarnos. El dolor era tal que hubo rendiciones y ahora no sólo el dolor físico irrumpía nuestro camino sino que se sumaba el emocional de no haber acabado una etapa a pie. No obstante no es rendirse no hacer una etapa con el resto, rendirse sería no poder llegar a Santiago. Durante la ruta, y seguidos por la ilusión de ver una construcción única en España, decidimos desviarnos 4 km para ver la iglesia subterránea y tardorrománica de Santa Eulalia de Bóveda. Desafortunadamente, todos los peregrinos que decidimos ir hasta allí, no pudimos entrar a verla porque aquellos que debían enseñarla no estaban, por alguna razón, en su puesto de trabajo. Después de preguntar a una amable ganadera desistimos de ver esta iglesia y seguir nuevamente las flechas amarillas que nos llevarían hasta la pequeña San Román de Rétora. En el bar nos esperaban quienes, acertadamente, no vinieron a ver la impenetrable iglesia y fue el momento de comenzar a comprar para comer y cenar. Aquí nos dimos cuenta de los distintos ritmos de vida entre la ciudad y los pequeños pueblos. Su voluntad era generosa pero su eficiencia no acompañó a los más de 45 minutos que tardó en servirnos 4 cosas. La llegada al albergue estaba cargada de incertidumbre. La desorganización invadía el lugar a falta del hospitalero, pero a su llegada y al saber estar de los peregrinos, todo quedó solucionado. La comida fue un éxito.
olah amigos,
ResponderEliminarnice pictures, hope you are okay...this song should be with you, cheers maurice
http://www.youtube.com/watch?v=NrgcRvBJYBE