miércoles, 14 de agosto de 2013

O Cádavo-Lugo(31 km)

Con los "buenos días" de los nobles jóvenes de O Cádavo, en festiva amanecida, comenzamos la mañana y el largo camino hacia Lugo, a unos  31 Kms. Un largo y duro camino, pues volveremos a pisar poca tierra y mucho asfalto, como en las pasadas etapas cántabras.
Hoy se suman a esta aventura, Adán y Charlotte, dos buenos amigos que estoy seguro disfrutarán como niños
esta experiencia. Como pasó con las valientes chicas de Zaragoza, en sus pasos se reflejan la ilusión y las ganas por formar parte de este sueño.
El Camino Primitivo va llegando a su fin y ya parece que empezamos a sentir, o a intuir,  la ola de peregrinos del camino francés en su fluir hacia Santiago, ejército de entusiasmados soñadores armados con concha, bordón y mochila, cargada de mágicas experiencias y enseñanzas de vida.
Después de pasar diferentes poblaciones, en las que la tradicional fuente de agua fresca es sustituida por la menos amable, a la vista y al bolsillo, máquina expendedora de bebidas, llegamos agotados al casco histórico de Lugo tras pasar una de las varias puertas de su imponente muralla romana, la que antaño pasó también Alfonso II el Casto.
Lugo respira historia por todas sus calles, sus casas y su suelo. Es una pena, como ya ha pasado en otros ciudades visitadas en este largo camino desde Irún, no poder quedarnos más tiempo para disfrutar de ella. Nos iremos con la satisfacción de haber visitado su bella catedral de Santa María y haber recorrido su muralla a lo largo de su adarve, acondicionado para el disfrute diario  de lucenses  y visitantes.
Dejamos Lugo, también, con el buen sabor de boca que nos deja el pulpo con cachelos y el ambiente de sus terrazas y bares. Bares como el Vintage, donde disfrutamos de la amabilidad de su propietario, que no paró de ofrecernos sus pinchos cada vez que pedíamos una caña.

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